6/2/12

A Tequila en un tren de lujo


La cita para recorrer una parte de la Ruta del Tequila a bordo del nuevo tren de José Cuervo, es en el hotel Camino Real de Guadalajara a las 18:00 horas, pues la experiencia será nocturna. Afuera un autobús rotulado con la marca de la tequilera ya espera para trasladarnos hasta la estación de ferrocarriles de la Perla Tapatía.
Ya en la estación, el tren de José Cuervo se mira elegante con su color negro, letras y adornos dorados, como si de un distinguido carruaje se tratara.

Tiene una capacidad total para 395 viajeros distribuidos en siete exclusivos vagones, cuatro para pasajeros con 62 asientos cada uno y tres de servicio, donde se aloja el bar, el comedor y el llamado club bar.
Al interior, aún se puede percibir el olor a nuevo de los asientos y su diseño selecto en acabados de madera, junto con las pantallas de plasma colocadas en algunos de los vagones, donde se muestran imágenes de Tequila, la destilería de La Rojeña y el paisaje agavero, que hace perfecta armonía con la música ambiente de mariachi, dejan de manifiesto que la vivencia será de primera clase, de todo a todo.

La salida desde Guadalajara hacia Tequila está programada a las 19:30 horas, y si bien ese municipio está ubicado a cerca de 45 minutos de la capital de Jalisco, a bordo del tren el trayecto dura alrededor de dos horas.
El silbido del tren anuncia ya la partida. Con un andar lento, mientras va tomando fuerza el motor, nos acomodamos en nuestros asientos dispuestos a disfrutar del paisaje y el sabor de la bebida nacional por excelencia.

La primera hora, en la que el tren recorre los municipios de Arenal y Amatitán, son ideales para disfrutar del tequila en todas sus presentaciones, desde el clásico “derecho”, hasta cocteles como la paloma y la margarita. Para acompañar, unos bocadillos creados especialmente para el José Cuervo Express, como un pequeño trozo de pepino que sirve como recipiente para una ensalada con diminutos camarones, delicioso al paladar.
Afuera se observan pequeños riachuelos y unos débiles rayos de Sol que escapan entre las montañas iluminan de naranja el cielo.
Paisaje pintado de azul

Luego, cuando el tren ingresa a Tequila, es momento de dejar a un lado la plática y fijar la vista hacia el famoso paisaje agavero, el mismo del que se habla en todo el trayecto.
Si bien los enormes ventanales permiten una panorámica sin problemas, una opción casi irresistible para los viajeros es dirigirse hacia los pasillos que conectan los vagones para disfrutar del aire y admirar el espectáculo natural hacia todas las direcciones posibles donde las infinitas hileras de agave azul pinta con sus pencas cada tramo. Es el momento preciso para capturar imágenes de esa región a la que la UNESCO declaró Patrimonio Mundial de la Humanidad el 12 de julio de 2006.

En Tequila, los pobladores aguardan a unos pasos de la vía para recibir a los visitantes y en la estación los mariachis cantan para regocijo de los presentes, mientras los jimadores dan una muestra de su labor.

La última y nos vamos
Lo que sigue es abordar nuevamente un autobús que nos llevará hasta la destilería La Rojeña de José Cuervo, la más antigua de América Latina, donde el peculiar olor de la piña de agave cocida guía a los visitantes hasta la entrada del lugar, donde los muros de brillantes colores contrastan con la noche.
Ahí, un espectáculo con música y bailes típicos cuentan la historia de la destilería y la importancia del tequila a lo largo de la historia de los mexicanos.

Posteriormente, es hora de conocer el proceso de producción y elaboración de su tequila en un recorrido por la destilería, desde los hornos de cocción, pasando por la fermentación, los alambiques de destilación y el área de barricas para el añejamiento de la bebida.

Al final, se hace una visita a la cava de Reserva de la Familia y una cata profesional en una de las áreas de reciente remodelación, para luego ingresar a la tienda de souvenirs, donde puede adquirir una botella de exclusivo diseño, como la de Diego Rivera o Frida Kalo.
El paseo termina con una velada en la hacienda de José Cuervo, con música en vivo, baile y la luna en lo alto. Cerca de la media noche es hora de partir nuevamente al tren que nos llevará hasta la capital de Jalisco.
Ahora el ferrocarril aprieta el paso y los pasajeros lo disminuyen, pues luego de la aventura, el vaivén del vagón arrulla sus sueños y la posición para el descanso ya no importa, incluso con el aire acondicionado del que Ana, una de las viajeras, se quejó, no influyó en que los invitados durmieran sin problema.
Alrededor de la 1:00 de la madrugada el silbido del tren anuncia el fin de esta travesía.


2012-02-05 02:00:00 www.excelsior.com Laura Llerena/ Enviada